¿Sabías que las cerraduras sin escudo protector pueden vulnerarse en menos de treinta segundos, según los expertos en cerrajería? Por este motivo, la mayor parte de las cerraduras modernas incorporan este dispositivo, esencial para blindar el cuerpo del cilindro y disuadir a los delincuentes. Siempre que sea posible, debe optarse por un bombín de seguridad en Santiago de Compostela equipado con un escudo, preferiblemente acorazado o magnético, de forma que la bocallave u ojo de la cerradura permanezca oculto.
El DLE define el término escudo como «plancha pequeña de metal, a veces en forma de escudo, que para guiar la llave suele ponerse delante de la cerradura». Pero este elemento no se limita a «guiar» la llave, sino que actúa como un refuerzo estructural y, en los productos más vanguardistas, incorpora sensores que detectan el uso de taladros y otras herramientas destinadas a forzar su seguridad.
En cerrajería, la instalación de escudos protectores está justificada por su capacidad para elevar la resistencia del sistema en su conjunto. Inútil será el uso de pestillos antisierra o cilindros multipunto si la bocallave está expuesta y carece de barreras físicas que protejan sus componentes internos.
Asimismo, estos dispositivos dificultan el acceso físico al bombín, neutralizando cualquier intento de extraerlo por torsión, agarrarlo con mordazas de presión o perforarlo mediante un taladro, entre otros métodos agresivos. Cabe destacar que esta clase de cerraduras disuade a posibles asaltantes porque su diseño revela una mayor robustez y resistencia.
Por consiguiente, invertir en cerraduras con escudos de protección no es una opción, sino el estándar de seguridad que debería regir en el parque inmobiliario español. Se estima que ocho de cada diez viviendas poseen cerraduras obsoletas que no dificultan la actividad de los delincuentes (un bombín de serreta puede liberarse en cinco segundos con el método impressioning).