¿Cuál es la diferencia entre la relojería suiza, japonesa y alemana?


Por su innovación tecnológica y fiabilidad mecánica, la relojería de Suiza, Japón y Alemania es un referente absoluto en esta industria. Todos los relojes hacen tictac, pero solo una selecta minoría de ellos ofrecen un rendimiento y calidad superiores. Si hablamos de reputación, los relojeros suizos están a la cabeza del mercado. Tanto es así que los Relojes Tissot en Vigo, Rolex, Omega o Patek Philippe se han mantenido como los superventas durante la última década.

Para el consumidor, la etiqueta «Swiss Made» significa exclusividad en los acabados estéticos y un cuidado por el detalle fuera de lo común. Sus relojes siguen fabricándose con métodos artesanales y emplean materiales nobles como el oro, el platino o el titanio. Los entusiastas de las complicaciones no quedan decepcionados, ya que de Suiza provienen algunas de las mayores sofisticaciones relojeras.

Desde su irrupción en el mercado en los años setenta, la relojería japonesa se ha distinguido por su precisión extrema, una búsqueda continua de practicidad y el rendimiento y fiabilidad elevadas de sus productos. Seiko, Citizen, Casio y Orient han sido pioneras en la creación de hitos como el reloj indestructible G-Shock y la tecnología Eco-Drive de carga solar.

De hecho, los maestros japoneses fueron los artífices de la crisis del cuarzo. A fines de los años sesenta, los primeros relojes de cuarzo de Seiko pusieron en jaque a las firmas suizas, al superarlas en precisión.

Por su parte, la relojería alemana se caracteriza por su calidad, sobriedad de formas y apuesta por la funcionalidad. Entre sus principales representantes, sobresalen A. Lange & Söhne, Glashütte y Moritz Grossmann.

Los cronógrafos germanos emplean materiales propios, como la plata alemana o Neusilber, además de componentes imposibles de encontrar en las marcas suizas y japonesas, como la platina de tres cuartos o los tornillos azulados.